Conoce a Betopocho

Aunque muchos piensan que los cerdos solo deben vivir en granjas, el cerdito Betopocho vive bien en la ciudad. Si hablara seguramente diría esto.

Soy el Betopocho, soy sensible, inteligente, cariñoso y un myy travieso… pero sobre todo, soy un ser que siente y merece respeto.

Vivo con mi cuidadora Ysa, quien soñaba con compartir su vida con un cerdito. Me gusta jugar en los pastitos y explorar. Subo y bajo escaleras todos los días, hago sonidos para comunicarme (reclamo mucho) y uso mi hocico para pedir atención o mostrar afecto.

La vida animal no está hecha solo para servir al humano, sino para ser vivida con dignidad.

Te invito a conocer mi mundo.
#IFeelToo 🐽

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Caminata por los animales:

1. Los cerdos son seres sintientes no productos

Los cerdos son animales sintientes: pueden experimentar dolor, placer, miedo, estrés, curiosidad y bienestar. Los cerdos domésticos que conocemos hoy descienden principalmente del jabalí y llevan miles de años coexistiendo con los seres humanos como consecuencia de procesos de domesticación y selección.

Los animales domésticos han sido seleccionados genéticamente por los humanos para diferentes fines. Su crianza ha estado históricamente vinculada a la producción de carne y otros productos.

Por eso, características que hoy consideramos «normales» en determinados cerdos domésticos no necesariamente representan lo que es natural para un cerdo ni, mucho menos, lo que significa estar saludable.

Los cerdos son animales exploradores. Utilizan principalmente el olfato, buscan alimento, investigan su entorno y necesitan oportunidades para moverse, explorar y desarrollar conductas propias de su especie.

2. ¿Qué pasa con los llamados «minipigs»?

Betopocho es un cerdo de tamaño pequeño, comúnmente denominado minipig.

Que un cerdo sea pequeño no lo convierte en una especie diferente ni disminuye su capacidad de sentir. Tampoco existe una categoría moral de «cerdo de compañía» frente a «cerdo para consumo».

Un cerdo pequeño sigue siendo un cerdo.

Por eso, la diferencia de tamaño no debería utilizarse para justificar que un individuo merece cuidado y otro puede ser explotado.

Tampoco existen naturalmente «cerdos de departamento». El lugar donde puede vivir un cerdo depende de sus necesidades individuales y de las condiciones que pueda ofrecerle el entorno: espacio, alimentación adecuada, estimulación, exploración, descanso, atención veterinaria y posibilidades de desarrollar conductas propias de su especie.

3. La historia de Betopocho

Betopocho llegó a vivir conmigo cuando tenía aproximadamente ocho meses. La decisión no surgió del deseo de tener un animal exótico, sino de la intención de ofrecer un hogar a un individuo que ya necesitaba uno.

Vivir con un cerdo no es una experiencia sencilla ni una moda. Requiere tiempo, adaptación, observación y mucho trabajo cotidiano.

Betopocho tiene sus propias necesidades, preferencias y personalidad. Parte de mi responsabilidad como cuidadora consiste en conocerlas y adaptar nuestra convivencia para que él pueda vivir de la mejor manera posible.

Su presencia en la ciudad también permite que otras personas conozcan directamente a un animal que normalmente sólo ven representado como alimento.

4. Betopocho no es un perro

Una de las primeras cosas que puede sorprender cuando alguien conoce a Betopocho es que no responde como un perro.

Los perros han sido seleccionados durante miles de años para desarrollar determinadas formas de cooperación con los seres humanos. Los cerdos tienen una historia evolutiva y de domesticación diferente.

Por eso, Betopocho no hace las cosas simplemente para complacerme. Puede aprender determinadas conductas, pero también toma decisiones según sus propios intereses: explorar, descansar, buscar comida, acercarse a alguien o simplemente continuar con lo que estaba haciendo.

Eso no significa que sea menos inteligente.

Significa que es otra especie.

5. Una pregunta más allá de Betopocho

La historia de Betopocho no busca decir que todos los cerdos deberían convertirse en animales de compañía.

Tampoco se trata de presentar el rescate o la convivencia con un animal como la solución al problema de la explotación.

La pregunta es más amplia:

Si sabemos que los cerdos sienten, tienen intereses propios y pueden experimentar bienestar y sufrimiento, ¿por qué consideramos que algunos merecen protección mientras otros pueden ser utilizados y asesinados?

Los seres humanos tenemos la capacidad de reflexionar sobre nuestras decisiones, cuestionar nuestras costumbres y elegir alternativas.

Por eso, la pregunta no es solamente:

«¿Qué podemos hacer por Betopocho?»

Sino:

«¿Qué nos hace considerar que la vida de un cerdo importa cuando lo conocemos, pero deja de importar cuando no lo conocemos?»


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